jueves, 19 de marzo de 2026

 Cosmogonía griega

En ese mundo de solo divinidades inmortales, los dioses desearon crear seres para poblar la Tierra. Una vez decidida tal idea, Zeus encargó a los hijos del titán Jápeto que dotaran de gracias y fuerzas a las criaturas terrenales. Fue Epimeteo quien rogó a su hermano Prometeo que le permitiera repartir los dones entre los seres terrenales. Epimeteo dio a cada animal un don: la belleza a uno, a otro la potencia, a otro la velocidad, a otro la corpulencia, a otro la sagacidad, etc., según su criterio de conveniencia. Careciendo de la sabiduría de su hermano Prometeo, dio todos los dones a los animales, dejando al hombre para lo último. De esta forma, el ser humano quedó desnudo, indefenso y desarmado.

Fue entonces cuando Prometeo, amigo del hombre, al ver la injusticia que se había cometido, trató de corregir el error y, robándole la sabiduría a la diosa Atenea, concedió al hombre la lógica. Prometeo tomó al género humano bajo su protección, robó el fuego a Hefesto y se lo regaló al hombre para que se calentara y pudiera vivir mejor; además, le enseñó todo lo que sabía.

Tártaro: es un profundo abismo donde las almas eran juzgadas después de la muerte y donde los malvados eran castigados.

Ponto: vastas extensiones de tierra.

Hecatónquiros: gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas.

Tetis: diosa del mar.

Temis: encarnación del orden divino, las leyes y las costumbres.

Oceánides: ninfas (deidades menores) asociadas a fuentes, lagos o ríos.

Ceo: titán de la inteligencia.

Titanes: hijos gigantes de Gea y Urano.

Mnemósine: titánide que personifica la memoria.

Leto: diosa de la noche y, alternativamente, de la luz del día.

Hiperión: el que aparece antes del sol.

Tía: titánide de la vista.

Rea: madre universal.

Hestia: diosa del hogar, la arquitectura y la cocina.

Selene: diosa lunar.

Eos: diosa titánide de la aurora.

Atlas: dios condenado a cargar la Tierra sobre sus hombros.

Prometeo: titán amigo de los mortales, conocido por robar el fuego de los dioses y dárselo a los hombres, por lo cual fue castigado por Zeus.

Cosmogonía sumeria

La creación del universo

Según las tradiciones sumerias, en un principio solo existía el caos y un informe océano primordial llamado Nammu que, en un momento determinado, se abrió generando espontáneamente al dios del cielo, An; a la diosa de la tierra, Ki; y a Enki, dios del mundo acuático. An y Ki permanecían unidos sin separación alguna, y de su unión nació Enlil, dios del aire o de la atmósfera, quien provocó la separación entre ambos, dando origen al día.

Enlil, con el tiempo, llegó a convertirse en el dios principal y controlaba el Me, conjunto de normas sagradas que regulaban el funcionamiento de las cosas físicas, el orden y las leyes sociales. Las divinidades habitaban en Dilmun, morada de los dioses, y fueron los artífices de la vida animal y vegetal. Finalmente, Nammu, Enki y Ninmah modelaron de barro al hombre, insuflándole la vida.

Cosmogonía tehuelche

En el principio de los tiempos nada existía: ni la luz, ni el sol, ni el agua, ni la tierra. Únicamente reinaba una niebla oscura, fría y húmeda. Pero allá, muy lejos, donde ahora se une el cielo con el mar, vivía un ser muy poderoso que existió siempre: Kóoch. Pasó un largo período sin hacer nada, hasta que decidió terminar con su inactividad y dio comienzo a la creación.

Al sentir la terrible soledad que lo rodeaba, Kóoch se entregó a un llanto inconsolable. Lloró durante muchísimo tiempo; tanto, que es imposible calcularlo. De sus lágrimas nació el mar primitivo, llamado Arrok. Ante el dolor y viendo que el agua seguía en constante aumento, hizo un esfuerzo y detuvo el llanto, dando un profundo suspiro. Así nació Xóshem, el viento. Ya más calmado, Kóoch sintió el deseo de contemplar lo que había creado, pero no podía ver nada. Decidido a terminar con la oscuridad, alzó una mano y rasgó las tinieblas con sus dedos. En ese instante surgió una chispa luminosa: Xáleshen, el sol, que iluminó el mundo.

El sol creó las nubes, que flotaron sobre el mar, mientras el viento jugaba con ellas. Las protestas de las nubes hicieron que Kóoch ordenara los elementos de la naturaleza. Luego hizo surgir una isla donde nacieron aves, animales, insectos y peces. Más tarde creó la luna, llamada Kéenyenkon, para iluminar la noche. Sin embargo, el sol y la luna desobedecieron al encontrarse. La oscuridad, llamada Tons, resentida, se unió con el tiempo (Shorr) y de ellos nacieron Axshem, Máip y Kélenken. Entretanto, la vida continuó en armonía y los astros vivieron su eterno romance.

Cosmogonía mapuche

Futa Chao creó el cielo, con sus nubes y estrellas, y la tierra, con montañas gigantescas. Hizo correr los ríos y crecer los bosques, y sembró los animales y a los mapuches. Desde el cielo observaba sus creaciones: durante el día iluminaba con Antü (sol) y por la noche protegía con Küyen (luna). Sus hijos quisieron ser como él y comenzaron a rebelarse. Futa Chao, para proteger la creación, los tomó y los arrojó desde lo alto hacia las montañas. El impacto formó grandes cavidades que luego se llenaron con las lágrimas de Küyen, dando origen a los lagos Lolog y Lácar.

Mito de la creación (África)

Muchos pueblos africanos cuentan leyendas sobre el origen del ser humano. Un ser superior, Mulukú (también llamado Woka), creó a la primera pareja humana a partir de la tierra. Les enseñó a cultivar, les dio herramientas y semillas. Sin embargo, la pareja desobedeció y abandonó las enseñanzas, provocando que la tierra se volviera estéril. Como castigo, Mulukú los transformó en monos y otorgó la inteligencia a estos.

Big Bang

Los defensores del Big Bang sostienen que hace entre 10.000 y 20.000 millones de años, una enorme expansión dio origen a toda la materia y energía del universo. En una fracción mínima de segundo, el universo pasó de un tamaño diminuto a uno astronómico. Desde entonces, continúa expandiéndose, aunque a menor velocidad.

Anaxágoras (500 a. C. – 428 a. C.)

Desacralizó el cosmos al eliminar explicaciones religiosas en los procesos de creación y destrucción. Sostenía que en la mezcla original existía un número infinito de elementos, organizados por el Nous (inteligencia), que generaba un movimiento que diferenciaba las sustancias. Nada se crea ni desaparece.

Filosofía griega

Tales de Mileto afirmaba que el agua era el origen de todas las cosas. Anaximandro sostenía que todo surge de lo indefinido. Anaxímenes creía que el origen de todo era el aire.

Material elaborado por el prof. Cristhian da Costa Leite

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